Enfermedades auto inmunes en niños.

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Pensar en la  definición de niño, resulta necesariamente conmovedor, ya sea desde  su definición funadamental que viene del latín infans que significa “el que no habla”, o la que todos conocemos o interpretamos, que es significado de  inocencia y alegria, o la de Enrique  Rambal en su poema; Un niño es la verdad con la cara sucia, la belleza con una cortada en el dedo, la sabiduria con el chicle en el pelo, y la esperanza del futuro con una rana en el bolsillo. 

 

Pero inevitable  es para cualquiera conmoverse frente asu sonrisa, o la alegría de  verlos jugar o escuchar sus carcajadas. De ahí que resulte tan difícil pensar en las enfermedades que a estos sere, tan frágiles, acogenen nuestros días. Para cualquiera, un padecimiento autoinmune es una condición terrible, pero para un niño, es doblemente. Y aunque existen muchas de estas enfermedades que pueden ser detectadas a timpo y pueden ser supervisadas por especialistas, e incluso curadas, también es cierto que muchas de ellas no son detectadas hasta que ya han hecho una daño irreversible al organismo del pequeño o incluso son ya incurables.

 

Y a pesar de que estas condiciones o padecimiento, son difíciles de imaginar en los pequeños, es importante que como adultos las tengamos presentes y pongamos especial atención en sus síntomas y cuidados. Dichas enfermedades van desde las más sencillas alergias, hasta padecimientos de mayor complicación como el lupus, artritis (varios tipos), espondiloartropatías, dermatomiosis, esclerodermia; Enfermedad de Sjörgen, de Kawasaki, hiperlaxitud, osteoporosis, alteraciones del metabolismo, granulomatosis, Púrpura de Schonlein-Henoch, y síndromes como los de Behcet, Wegener, Churg-Strauss, autoinflamatorios y de dolor muscoloesquelético nocturno.*

 

Y aunque  cada una  de estas enfermedades tiene sus síntomas  muy particulares, de manera general, las  enfermedades autoinmunes presentan estos síntomas generalizados: fatiga, fiebre, malestar general, dolor articular y erupción cutánea. Es indispensable  estar atentos  a cualquiera de estos síntomas, llevarlos a revisión si los presentan y aunque no los presenten visitar constantemente al pediatra.

 

Cierto es que pensar en las enferemedades de los niños, nos resulta terrible y muchas  veces es más fácil mostrarnos ajenos a ellas, pero lo vierto es que están presentes y son parte de la vida cotidiana. No seamos  ajenos a ellas, informemonos, asumamos  con responsabilidad nuestra condición de  adultos frente a  nuestros niños, pues son ellos quienes  construiran el mundo del futuro, seamos solidarios con ese mundo desde ahora, responsabilizandonos por nuestros pequeños y sus condiciones, sea cual sea, la de un niño tortalmente sano o un niño que requiere mayor atención o cuidado, pero siempre pensando como diría Enrique Rambal que un niño es una criatura mágica. Puedes cerrarle la puerta de tu despacho, pero no puedes cerrarle la puerta del corazón.

 

 

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